Arqueología de videojuegos: mis clásicos.

Desde hace años llevo una doble vida, de día trabajo, cojo el metro y me dispongo a ir a trabajar. Pero de noche vivo una vida de exaltación, palpitaciones y adrenalina. Dicha sea la verdad, una vida de dudosa virtud, no lo negare. Me he visto envuelto por la violencia, incluso la he disfrutado. He mutilado y matado enemigos y no solo en defensa propia. He mostrado una indiferencia total hacia la vida, la integridad física y la propiedad y he saboreado cada instante. 
Al verme jamás pensarías que he dirigido ejércitos, que he conquistado mundos, aunque para lograrlo he dejado a un lado la moralidad. No me arrepiento porque, aunque he llevado una doble vida, al menos yo sí puedo decir que he vivido.

Este texto, que corresponde a uno de los mejores anuncios de videojuegos en televisión, el de la primera PlayStation, es más o menos un reflejo de mis tardes o noches. Desde que tengo uso de razón siempre he tenido una cruceta y unos botones bajo mis pulgares. La primera vez, hace unos 30 años, eran unos dedos pequeños pulsando los botones de una pequeña maquina LCD de marcianitos, la última vez fue hace unas horas con unos pulgares un poco más grandes y más viejos en el mando de una PlayStation4.

 Durante esas horas de disparos, saltos y carreras me encontré con varios juegos que dejaron un muy buen recuerdo en mi mente. Juegos que recuerdo con cariño y de vez en cuando en momentos de nostalgia vuelvo a revisitar una y otra vez. Seguir leyendo “Arqueología de videojuegos: mis clásicos.”

Desgoogleizate, acaba con tu dependencia de Google.

Hace tiempo tuve un gran encabronamiento con Google por el cierre de Google Reader, en ese momento se me cayó la venda de los ojos y deje de verla como la gran defensora de Internet y paso a ser una empresa que esta para ganar dinero. Ahora se ha caído la segunda venda y ha pasado de ser una empresa a ser el gran hermano que nos vigila.

Si tenéis un móvil Android con Google Now activado, que viene de serie en cualquier Android 4.0 en adelante, y entráis en la siguiente url podréis ver vuestro Historial de Ubicaciones y seleccionando cualquier día del mes las rutas y las localizaciones donde habéis estado. Estaban todas mis localizaciones justo hasta el momento en el cambie de móvil y deje de tener un Android. Suelo preocuparme de la seguridad y sabía que Google Now usaba la posición para indicarte las paradas de autobús, los cines, el tráfico… Pero no que todos los registros de posición quedaban indexados y asociados a mi cuenta.
Google sabia en todo momento las zonas donde había estado, por donde había paseado, donde trabajo, donde vivo, donde pase mis vacaciones, los viajes en avión que había hecho, que había estado en Berlín e incluso la hora a la que había cogido el vuelo y desde que aeropuerto…

Lo que no sabía George Orwell cuando escribió 1984 es que las cámaras del Gran Hermano las íbamos a poner nosotros. Así que después de descubrir que Google iba tras mis pasos, literalmente, comencé un proceso de Desgoogleización de todos los servicios que tenia con Google, y eran muchos.

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Polybius, la leyenda urbana de los videojuegos

Antes de la era de internet, de las consolas de sobremesa y de los pinganillos para hablar mientras juegas al último Call of Duty el juego cooperativo se trataba de una forma muy diferente. Hoy en día abres una sesión en el Xbox Live y le envías un mensaje a tu amigo para ver si quiere echarse una partida. Hace años, cogías el teléfono, marcabas el número de la casa de tu amigo en el disco del teléfono, decías a su madre que te lo pasara y quedabas con él en la esquina para ir a la sala o a los recreativos a echarte unas partidas.

Había dos tipos de salas, las de centro comercial con un montón de maquinas nuevas con luces brillantes, bolera y con un aspecto reluciente. Por otro lado teníamos las salas con solera, las de barrio, aquellas que eran un lugar oscuro y siniestro con olor a tabaco. De esas en las que te decía tu abuela cuando pasabas por delante que no tenías que entrar. Pero llegaba la edad del pavo y de salir por las tardes “a dar una vuelta” y casi siempre acababas en la sala que estaba más cerca de tu colegio o instituto. En mi caso mi sala era de las segundas, de las oscuras tipo antro, pero que me dejo muy buenos recuerdos.

La fauna de las salas de videojuegos era de lo más variopinta, pero siempre era la misma en cualquier sala que entraras. Primero tenias al encargado, al que se referían por un mote particular, el de mi sala era “Bigotes”, que era el que te daba el cambio de la caja que tenia detrás del mostrador, te vendía patatitas y refrescos o venia a desenganchar la bola de los petacos que se había quedado enganchada o cuando la maquina te tragaba cinco duros.

Luego teníamos a los jugadores, el profesional, era un chaval mayor que congregaba cientos de mirones cada vez que jugaba, casi siempre fumaba y dejaba el piti en el cenicero de la maquina. Uno de los más odiados era el cansino, que estaba todo el día diciéndote “deja que te pase yo esta pantalla” o diciéndote que cosas tenias que coger o hacer en cada juego. Teníamos también al tirao, que siempre estaba pidiéndote que le dejaras cinco duros para echar una partida, que en mi sala era un chaval bastante entrañable.

En mi época teníamos el Street Fighter, el Puzzle Bobble (el favorito de las chicas), Spinmaster, Metal Slug, Cadillacs&Dinosaurs, Ghost’n’Goblins… Pero de entre todas esas maquinas había una que se hizo famosa por las terribles consecuencias que acarreaba jugar al juego que contenía: Polybius. Seguir leyendo “Polybius, la leyenda urbana de los videojuegos”

Monta tu reproductor multimedia con Raspberry Pi y XBMC

Siempre he sido un gran aficionado al cine, por eso desde bien tempano siempre tuve un reproductor de vídeo en mi habitación. Primero el vhs de toda la vida, luego un dvd y en cuanto me pase al terreno digital un ordenador que con el tiempo sustituí por una vieja xbox a la ha le hice el exploit y le instale el XBMC. El tiempo pasa y el XBMX empezó a dejar de dar soporte a la Xbox original y para instalar una nueva versión del XBMC había que hacer maravillas. Ademas los 64mb de la Xbox empezaban a quedarse pequeños , cada vez que reproducías una película empezaban a fallar la carga de las imágenes de la biblioteca y había que reiniciar la consola.

Entonces fue cuando conocí la Raspberry Pi, una pequeña placa que es un microodenador al que puedes instalarle sistemas operativos del tipo GNU/Linux. Además los desarrolladores de XBMC se apresuraron a sacar una versión compatible con la Raspberry Pi, asi que tenemos el pack completo para poder tener un reproductor de alta definición por 50€ y en un espacio mínimo.

Lo primero que necesitamos es la propia Raspberry Pi que podemos comprar aquí por unos 39€ el modelo de 512Mb. También necesitamos un cargador de tipo microusb (como el de los móviles) que nos de como mínimo unos 1200mah y una tarjeta de memoria. El espacio de la tarjeta de memoria es al gusto, depende de si vas a reproducir películas desde la propia tarjeta o las vas a reproducir desde un almacenamiento de red como es mi caso. Lo que si es importante es la Clase de la tarjeta, como mínimo una Clase 10.
La clase es un numero que determina la velocidad de lectura/escritura que tiene esa tarjeta de memoria. Para saber la clase de una tarjeta de memoria la podremos ver en la etiqueta de la tarjeta en un numero rodeado por un circulo, cuanto mayor sea el numero mas rápida es la tarjeta. Aparte de la placa, el cargador y la tarjeta necesitaremos un cable de red y un cable hdmi.

Una vez tenemos completada la lista de la compra ya nos podemos poner a montar nuestro reproductor multimedia. Seguir leyendo “Monta tu reproductor multimedia con Raspberry Pi y XBMC”